China expresó públicamente su respaldo a España y rechazó que el comercio internacional pueda convertirse en una herramienta de presión política, en medio de la controversia generada por amenazas desde Washington de “cortar todo el comercio” con el país europeo e incluso imponer un embargo.
La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, fue contundente al señalar que “el comercio no debe ser utilizado como arma ni como instrumento”. En la diplomacia china, donde cada declaración es cuidadosamente medida, el mensaje fue claro: Pekín no avala la instrumentalización de las relaciones económicas como castigo político.
La reacción se produce después de que el expresidente estadounidense Donald Trump arremetiera contra el Gobierno de Pedro Sánchez por negarse a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la ofensiva contra Irán.
Más allá del pronunciamiento público, la postura china refleja el fortalecimiento de los lazos entre Pekín y Madrid en los últimos años, en un contexto de creciente rivalidad entre China y Estados Unidos. España se ha consolidado como uno de los socios comerciales más relevantes de China en el sur de Europa y como punto estratégico para inversiones en infraestructuras, energía y logística.
En un escenario internacional marcado por la guerra en Oriente Próximo, Pekín aprovecha la brecha abierta entre Washington y Madrid para proyectarse como garante de estabilidad comercial y socio confiable en un momento de alta tensión global.
