Ha pasado un año desde uno de los momentos más dolorosos para la nación, pero el recuerdo de las víctimas permanece intacto en la memoria colectiva.
Bajo la lluvia, símbolo de tristeza y reflexión, se revive el rostro de quienes partieron y el profundo vacío que dejaron en sus familias y en toda la sociedad.
Más allá del tiempo transcurrido, este aniversario se convierte en un llamado a no olvidar, a honrar sus vidas y a mantener encendida la memoria como un acto de respeto y humanidad.
Porque hay ausencias que nunca se llenan, y recuerdos que deben permanecer vivos para siempre.
