El régimen de Irán elevó este fin de semana el tono del conflicto internacional al advertir que se encuentra en una “guerra total” contra Estados Unidos, Israel y países europeos, en lo que calificó como el escenario geopolítico más complejo y desafiante que ha enfrentado desde la guerra con Irak entre 1980 y 1988.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, sostuvo que los adversarios de Teherán buscan someter al país mediante una combinación de acciones militares, sanciones económicas y presión diplomática, en referencia a los recientes bombardeos israelíes contra instalaciones militares y nucleares iraníes, así como a la participación directa de Estados Unidos en ataques a tres sitios estratégicos.
La escalada se profundizó con la reactivación de la política de “máxima presión” impulsada por la administración de Donald Trump, que incluyó nuevas sanciones para reducir los ingresos petroleros iraníes. A esto se sumó el respaldo de Francia, Reino Unido y Alemania a la reimposición de sanciones de la ONU, incrementando el aislamiento de Teherán.
Desde Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu advirtió que cualquier acción iraní recibirá una “respuesta muy severa”, subrayando la vigilancia permanente sobre los movimientos militares de Teherán y la cooperación defensiva en el Mediterráneo oriental.
En paralelo, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, ratificó que el programa de misiles balísticos queda excluido de futuras negociaciones, al considerarlo un pilar de la defensa nacional. Según la agencia Mehr News Agency, Irán sostiene que sus Fuerzas Armadas están preparadas para responder a cualquier amenaza externa.
La tensión también alcanzó la relación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Irán declaró finalizado el acuerdo provisional de cooperación firmado en septiembre, tras una resolución del organismo que exigía información sobre uranio enriquecido y daños en instalaciones atacadas. El director del OIEA, Rafael Grossi, advirtió que restringir aún más las inspecciones podría agravar la desconfianza internacional.
La ruptura del acuerdo, las sanciones renovadas y la escalada militar en la región han reabierto un debate global sobre el futuro del programa nuclear iraní, el equilibrio de poder en Medio Oriente y el riesgo de una confrontación de consecuencias imprevisibles.
