La nave Starship, desarrollada por SpaceX, logró realizar un descenso controlado en el Océano Índico tras más de una hora de vuelo, como parte de su más reciente prueba correspondiente al Vuelo 11.
Durante la maniobra, la nave ejecutó un giro final, encendió sus motores para el frenado y realizó un contacto preciso con el agua en una zona previamente establecida, demostrando avances significativos en el control de reentrada.
El operativo permitió poner a prueba aspectos clave como la guía mediante flaps, el comportamiento durante el descenso y el sistema de frenado final, elementos fundamentales para el desarrollo de futuras misiones espaciales.
SpaceX calificó el resultado como exitoso, destacando que la prueba aportó datos esenciales para mejorar la precisión de los aterrizajes y avanzar hacia la reutilización total del sistema, uno de los principales objetivos del programa.
Este tipo de avances posiciona a Starship como una pieza clave en el futuro de la exploración espacial.
