Las cafeterías modernas tienen un antecedente histórico que transformó la vida pública y el pensamiento europeo siglos atrás. Mucho antes de las cadenas internacionales y los espacios de coworking, las llamadas coffee houses de la Inglaterra del siglo XVII se convirtieron en verdaderos centros de debate intelectual y social.
Inspiradas en la cultura del café proveniente de ciudades como Estambul y El Cairo, estas cafeterías comenzaron a expandirse rápidamente en Inglaterra.
Por apenas un penique, ciudadanos de distintas clases sociales podían reunirse para conversar sobre política, ciencia, literatura, economía y acontecimientos internacionales alrededor de una taza de café.
En solo dos décadas, Londres pasó de tener una sola cafetería a más de 3,000 establecimientos, convirtiéndose en el principal epicentro del debate social e intelectual en Europa.
Las coffee houses llegaron a ser conocidas como las “Universidades de un penique”, debido a que ofrecían acceso a conversaciones, ideas y discusiones que influenciaron movimientos intelectuales y científicos de la época.
Historiadores consideran que estos espacios contribuyeron al surgimiento de una nueva idea de opinión pública y fomentaron tertulias donde participaron comerciantes, escritores, científicos y pensadores influyentes.
Su impacto fue tan grande que incluso Carlos II intentó clausurarlas por temor a que se convirtieran en centros de conspiración política y crítica al poder.
Lo que comenzó como una costumbre social alrededor del café terminó influyendo profundamente en la cultura, la política y la manera en que las personas compartían conocimiento en la Europa moderna.
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