La reciente propuesta presentada por la Alcaldía de Santiago bajo el nombre “Coches Turísticos: tradición, bienestar y protección” ha generado debate en distintos sectores de la sociedad dominicana.
Aunque el proyecto asegura buscar la protección animal y la preservación cultural de los tradicionales coches de caballos, la realidad es que cada vez más personas cuestionan si en pleno 2026 todavía es correcto sostener modelos turísticos que dependen del esfuerzo físico de animales.
No se trata de atacar una tradición ni de desconocer el valor histórico que estos coches pudieron tener en otra época. Se trata de entender que las sociedades evolucionan y que el concepto de bienestar animal también debe evolucionar con ellas.
En ciudades modernas alrededor del mundo, muchas prácticas similares han sido eliminadas o transformadas precisamente por las condiciones a las que eran sometidos los animales: largas jornadas bajo altas temperaturas, agotamiento físico, estrés y exposición constante al ruido y al tránsito urbano.
Santiago merece avanzar hacia propuestas innovadoras que impulsen el turismo sin necesidad de utilizar animales como parte del entretenimiento o la movilidad turística.
La verdadera modernidad no está solo en conservar una imagen tradicional para atraer visitantes, sino en construir una ciudad más consciente, sostenible y respetuosa de la vida en todas sus formas.
Porque el sufrimiento animal no puede maquillarse con buenas intenciones ni con discursos institucionales.
La discusión no debe centrarse únicamente en cómo hacer más “digno” el uso de los caballos, sino en si realmente debemos seguir utilizándolos.
Las ciudades que evolucionan entienden que tradición y progreso pueden coexistir, pero nunca a costa del bienestar de seres vivos que no pueden defenderse por sí mismos.
