La crisis energética en Cuba comienza a impactar de forma directa en sectores estratégicos de la economía. La escasez de combustible ha obligado al cierre temporal de complejos hoteleros en Cayo Coco, al traslado de cientos de turistas y a la reorganización de servicios turísticos para sostener operaciones mínimas.
El escenario se agrava tras la firma de una orden ejecutiva del presidente estadounidense Donald Trump, que impide la llegada de petróleo a la isla y amenaza con sanciones a los países que suministren combustible. Esta medida, sumada al colapso del suministro venezolano, ha empujado al gobierno cubano a reducir el transporte público, limitar horarios de oficinas estatales y trasladar actividades universitarias a la modalidad virtual.
Según datos de la Unión Eléctrica, la generación disponible cubriría menos de la mitad de la demanda nacional, mientras en ciudades como La Habana se repiten largas filas en estaciones de servicio. Aunque servicios básicos como bancos, escuelas y farmacias continúan operando, las restricciones ya se sienten con mayor fuerza en el oriente del país.
La situación evidencia la fragilidad del sistema energético cubano y profundiza una crisis económica que impacta tanto a la población local como a la industria turística, uno de los principales motores de ingreso de la isla.
