Honduras entra en una nueva etapa política marcada por la expectativa, la tensión y la división. El candidato conservador Nasry Asfura fue declarado presidente electo por el Consejo Nacional Electoral (CNE) tras obtener el 40.26 % de los votos en las elecciones generales del pasado 30 de noviembre.
“Estoy preparado para gobernar. No te voy a fallar. ¡Dios bendiga Honduras!”, escribió Asfura en su cuenta de X, donde también reconoció la labor del órgano electoral y del equipo responsable del proceso. La declaratoria fue anunciada de manera virtual por dos de las tres consejeras del CNE, cuando el conteo ordinario alcanzaba el 99.93 % de las actas, aunque aún no había concluido el escrutinio especial de más de 330 actas con inconsistencias.
La decisión de avanzar con la proclamación antes de finalizar ese recuento profundizó las tensiones políticas. El consejero Marlon Ochoa se retiró de la sesión advirtiendo un “golpe de Estado electoral”, mientras sectores de oposición rechazaron los resultados. El partido Libre, encabezado por el exmandatario Manuel Zelaya, denunció fraude y llamó a movilizaciones. A su vez, el candidato liberal Salvador Nasralla, segundo en la contienda, exigió un recuento voto por voto, descartado por el CNE.
En paralelo, la proclamación recibió respaldo internacional inmediato. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, felicitó a Asfura y subrayó la importancia de una transición ordenada.
Con un país polarizado, cuestionamientos técnicos aún abiertos y llamados a la movilización, Nasry Asfura asume el reto de gobernar Honduras en un escenario donde la gobernabilidad y la legitimidad institucional serán claves para el futuro inmediato.
