El régimen de Irán reconoció este martes que alrededor de 2,000 personas han muerto durante la represión de las protestas que se desarrollan en todo el país desde hace dos semanas, marcando el mayor desafío interno para las autoridades iraníes en al menos tres años.
Un funcionario iraní, que habló bajo condición de anonimato, declaró a Reuters que entre los fallecidos se encuentran manifestantes y personal de seguridad, atribuyendo las muertes a lo que calificó como acciones de “terroristas”, sin ofrecer un desglose detallado. Las autoridades también responsabilizaron a Estados Unidos e Israel de fomentar los disturbios, desencadenados por la grave situación económica que atraviesa el país.
La cifra oficial contrasta con los datos ofrecidos por la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, que reportó al menos 648 muertos y más de 10,600 detenidos durante las manifestaciones. Las restricciones a las comunicaciones, incluyendo un apagón de internet y el bloqueo de líneas telefónicas, han dificultado la verificación independiente de las cifras y el seguimiento de los hechos desde el exterior.
En este contexto, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la imposición inmediata de un arancel del 25% a cualquier país que mantenga relaciones comerciales con la República Islámica de Irán, una medida que incrementa la presión internacional sobre Teherán.
Las autoridades iraníes, en el poder desde la revolución islámica de 1979, han adoptado un doble discurso: reconocen la legitimidad de las protestas por motivos económicos, mientras intensifican la represión y denuncian una supuesta injerencia extranjera en los disturbios que mantienen al país en tensión.
